LAS PERSONAS DEL VERBO Gil de Biedma (01/04/2019)


Imaginaos ahora que nosotros
muy tarde ya en la noche
hablamos de hombre a hombre, finalmente
de mujer a mujer o de mujer a hombre.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión con el botellín
medio vacío, los ceniceros sucios, 
un poeta llamado Antonio Cáceres,
y Gil de Biedma...



¿Pandémica o celeste?¿Cuerpo o alma? Pues los dos, porque el poeta Antonio Cáceres nos honró con su presencia física en la tertulia consiguiendo cautivarnos por su sensibilidad, sencillez y maestría. Hombre cercano, sin aspavientos ni alharacas nos acercó al mundo de Gil de Biedma y todos aprendimos de su vida y su obra. Y hasta de la métrica de sus poemas... Aristócrata, comunista y homosexual, hombre de vida secreta atormentada y canalla, de poemas, amores clandestinos y bares "últimos de la noche". Hablo de Jaime, no de Antonio.
Y leímos juntos poesía. Como dijo Borges un poema debe reflejar lo esencial y emocionar. Y allá que resonó la voz grave de Antonio. Los doce tertulianos escuchamos en silencio la belleza de unas palabras que suenan a música. 

Aprendimos el significado de la palabra cacaseno cuando Antonio leyó "Contra Jaime Gil de Biedma"y supimos que la reputación del poeta era como un sótano negro, la de un zángano de colmena acompañado de barras, chulos y floristas, de ascensores de luz amarillenta, con espejos que escupen la verdad a la cara. De pánico y de pena, descontento y desesperanza, de la innobleza de amarse a uno mismo. Y del desdoblamiento de personalidad que a veces utiliza en su poesía, como Pessoa con Ricardo Reis. ¡Lo importante que es tener un buen maestro!

"No volveré a ser joven" cantaba Loquillo y ahora sabemos por qué. Desconocíamos que esta canción fuese un poema y en la voz de Antonio oímos como en unas pocas estrofas se resume el paso del tiempo, la vida. En la juventud queremos comernos el mundo, en la madurez, dejar huella y finalmente en la senectud lo único que nos queda es envejecer y morir que en realidad es el único argumento de la obra. Nuestro contertulio nos ilustra sobre el "yo"imaginario que es aquel que nos gustaría ser y el "yo" real que obviamente es el que somos. Hablamos de poemas póstumos...

Resuena en la voz del maestro el "Himno a la juventud" y todos vemos salir a la sirena del agua, nos imaginamos sus pechos diminutos, las nalgas maliciosas o la insinuación del vientre dando paso a los muslos. Por nuestra edad estamos más próximos al observador que a la sirena, a la madurez que al encanto descarado de la vida y sentimos más cercana la mirada del que contempla desde su toalla que la indiferencia de aquella que sabe que le siguen la mirada de hombres, perros o dioses.

Nos sorprende nuestro tutor poético llevándonos a "Apología y petición" una sextina que juega con las palabras España, demonios, pobreza, gobierno, hombre e historia. ¿Y qué es una sextina, Antonio? Es un tipo de poesía que apuesta por la repetición de los términos al final de cada verso. Tiene seis estrofas de seis versos con un terceto para concluir el poema. Los presentes no teníamos constancia de su existencia hasta el día de hoy y nos parece curioso y original el formato.

Viajamos a la capital francesa con "París, postal del  cielo" entre la nostalgia de las primeras estrofas, la experiencia amorosa y el vértigo del tiempo. Pont Saint Michel, Notre Dame y  Sena...

Antonio Cáceres nos recomienda otros poetas actuales como Javier Salvago o Eloy Sánchez Rosillo e incluso de este último, una antología poética titulada "El hilo de oro". Le damos las gracias por aconsejarnos en esta aproximación de la tertulia a la poesía . No cabe duda que en los inicios es importante no dar pasos en falso que nos lleven a desistir.

Quizás embriagados por la euforia poética del momento calificamos con un diez nuestro primer libro de poesía compartida. Dicen que la perfección no existe pero ciertamente la obra leída nos ha sorprendido y cautivado. Quizás nos embarcamos en este viaje con demasiado temor a lo desconocido, pensando en rimas enrevesadas o en metáforas incomprensibles y al final del recorrido nos asombró la claridad en los versos, la sencillez de las palabras y la precisión del mensaje. Quizás, como dijo Fernando, cuando se comparte la poesía, ésta rima mucho más.

Terminamos la velada con los versos del poeta presente, un artista que tiene en su escritorio una piedra de cal y un bote de lejía porque está en una búsqueda permanente de la limpieza, un autor que aprecia las pequeñas cosas que nos da la vida. ¡Vivan los gorriones que picotean migas en la terraza con descaro!¡ Vivan los transeúntes que pasan por las calles con prisas! Viva la belleza de la vida!¡Maestro!

Damos las gracias de nuevo a DON ANTONIO CÁCERES, con mayúsculas, por darnos una clase gratuita de poesía, por responder a nuestras torpes preguntas, por desvelarnos algunas claves de los poemas, por compartir un rato de su tiempo con nuestra tertulia, por recomendarnos próximas lecturas y, sobre todo, por la sencilla calidez de sus palabras.  


 Ya nos gustaría haber hecho el amor en cuatrocientas noches con cuatrocientos cuerpos diferentes porque en cada cuerpo que se ama se busca el amor del alma pero no tenemos una vida tan ajetreada como la de Gil de Biedma...

Joaquín Gómez



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